Somos prisioneros del tiempo y esclavos de la eternidad

martes, octubre 23, 2007

Cuento hindú

Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final de camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente. La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:

-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.

El aguador le contestó:

-Cuando regresemos a casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda; pero siguió sintiéndose apenada porque al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua del principio.

El aguador le dijo entonces:

-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

lunes, octubre 15, 2007

"Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar... te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad".

Léolo

sábado, octubre 06, 2007

Sanidad en Vigo

Felicito desde aquí el trato humano de los médicos y personal sanitario, en concreto del Hospital xeral de Vigo, pero por otro lado destaco como una necesidad básica en Vigo el arreglo de la infraestructura interior de dicho Hospital. Ha pasado de ser uno de los edificios más altos de España en los años 70, emblemático en la historia de Galicia a caer en el olvido, ¿cómo es posible? Sólo me cabe preguntar si el espacio interior de este Hospital contribuye al máximo objetivo: el bienestar humano


Mi visita se debió a una inflamación repentina de un linfoma en la espalda que a fin de cuentas con remedios caseros tiene cura y el pequeño viaje por esos pasillos de la sección de urgencias del Xeral Cíes de Vigo me ha sobrecojido mucho, invito a reflexionar.

No es agradable ver a enfermos en camillas en los pasillos y mucho menos para ellos que su dolor o malestar esté expuesto, a su vez los pasillos son tan estrechos que no permiten actuar con agilidad en caso de urgencia, apenas hay luz natural y hay que recordar que una visita en caso de urgencia a un hospital, nunca es agradable:

-Apenas había máquinas de agua o alimentos para quienes la espera de su enfermo es larga por muy corta en tiempo objetivo que sea.

-Ni dípticos informativos, ni mapas de la ubicación espacial del lugar.
-No habia imagenes en los pasillos que inviten a la tranquilidad del momento emocional que supone estar allí.


-No había una sala destinada exclusivamente a hablar por movil ( necesario en un momento de una visita a un hospital) sin que interfiera en ningun aparato médico y sobre todo en el silencio que necesita un enfermo.

-Apenas había luz natural.

-Las salas de exploracion no estaban aisladas sonoramente y en el pasillo se escuchaban gritos de enfermos en su interior.
-La sala en la que tuve la exploración estaba frente a una puerta, creo que no es agradable para un enfermo que además tenga que estar a la expectativa y al estresor de quien pueda entrar en ese momento.
Y muchos aspectos más a los que invitaría a ustedes a observar in situ.

Espero que el nuevo hospital, además de aspectos técnicos, tenga en cuenta también aspectos humanos en su construcción y la remodelación del espacio del Ciés tambien.

Es una necesidad incluir como personas necesarias en un hospital, a personas que amenicen la espera de quienes a compañan a los enfermos y los enfermos que esperan, una figura como un mimo o similar que con el suficiente tacto haga más dulce o llevadero un momento de crispación y a su vez amenicen el trabajo de los médicos, también es necesario que ellos se encuentren a gusto, supongo que reciben una formación y reciclaje adecuado en habilidades emocionales para tratar con el enfermo o ante determinadas situaciones, pero es muy importante que ellos se encuentren a gusto y puedan transmitirlo.

Me gustaría resaltar ante todo la importancia del aspecto humano y emocional en la sanidad y que hagan todo lo posible para que sea el contenido que no caiga en el olvido del continente. Y este mensaje va dirigido a TODOS los arquitectos que lean esto, que apliquen no solo su conocimiento en el diseño de infraestructuras sino la sabiduría.

domingo, septiembre 30, 2007

Nada tan tenue, nada tan delicado, nada tan sumamente complicado de
desenredar, como el intrigante hilo de la vida...


El funambulista

Había hecho del equilibrio, una circunstancia constante de vida y forma. Su cuerpo, un mimbre tierno flexible hasta el extremo; su mente, un acordeón en notas sinfónicas fluyendo al ritmo de ocultas melodías.


Así y todo, la pasión por lo imposible lo exaltaba, y hubo de asirse a una fibra microscópica tendida del piadoso cielo, para continuar trazando sus delirantes piruetas conceptuales:



Vivir, volar;

vivir, volar...

Funambulista eterno,

mente y materia.



Vivir, volar;



u letanía,

incluso en sueños:

complicidad.



En esa pasión que sólo acompaña a la locura, comenzó a pensar que nunca alcanzaría su potencial final hasta ser enteramente libre. Su delicada atadura a la bóveda celeste, lo encadenaba, y en un arrebato fue el considero un signo de singular magnificencia, se deslizó de tan seductora fibra...

Fue su instante de grandeza: un intrincado balanceo en el abismo de su mente, cuando comprendió a destiempo que todo es relativo:


La vida en libertad, es la posibilidad que fluye del reconocimiento de nuestras propias limitaciones...


Vivir, volar.

Asir el cielo...

Eternidad.